Edvard Munch y Gustav Klimt: realidades compartidas.

event   2016 - 08 - 10

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¿Qué tienen en común Edvard Munch y Gustav Klimt? Basándonos en las obras artísticas de cada uno y a simple vista, el colorido y la vitalidad de las obras de Klimt no tienen nada en común con los tonos sombríos y las lúgubres atmósferas que Munch refleja en sus obras. Sin embargo, las vidas de ambos pintores tienen más en común de lo que sus obras muestran. 


Klimt nació en una familia pobre compuesta por tres varones y cuatro mujeres; la muerte de Annerl, la hermana menor de Gustav, dejó un gran vacío en él y en su madre, quien se deprimió después del fallecimiento. 

La suerte de Klimt cambió al ganarse una beca en la Escuela Pública de Arte de Viena a los 14 años, donde sus obras fueron duramente criticadas por ser controversiales para la época. 

Edvard Munch por su parte, nació en una familia de clase media en Noruega. Cuando todavía era un niño, los Munch sufrieron dos dolorosas perdidas: la madre y la hermana menor del pintor murieron a causa de la tuberculosis, hecho que lo dejó marcado de por vida. 

Su padre era un médico militar extremadamente religioso que inculcó en el joven Edvard el miedo de ir al infierno. A pesar de la disciplina que su padre le imponía, Munch decidió dejar la carrera de Ingeniería para seguir su vocación como artista. 

Ambos pintores compartían el dolor de haber perdido a una hermana y lo expresaron a través del arte. En su pintura “La niña enferma”, Edvard Munch hace una clara referencia a la muerte de su hermana, pues a pesar de ser muy joven cuando ésta murió, él observó de primera mano cómo la enfermedad consumía a su hermana. 

Por su parte Klimt recordaba con cariño a su hermana, como se puede ver en el dibujo “Annerl”, donde retrata a su hermana con suavidad, dotada de una tierna e inocente mirada, digna de una pequeña niña. 

Otro aspecto que compartían los dos era su fascinación por la figura femenina. Resulta interesante que ninguno de los pintores se casó, a pesar de haber tenido muchas y diferentes musas. Las mujeres retratadas por Klimt, cuentan con una carga erótica y sensual, como se puede ver en obras como “Danae” y “Judith”. 

Las mujeres que retrataba Munch, por su parte, tienen un aura peligrosa y misteriosa. En obras como “Mujer vampiro” y “Pubertad”, Edvard logró retratar a mujeres enigmáticas en una atmósfera de exclusión. 

Otra de las características que comparten ambos pintores, es que fueron participes de importantes movimientos artísticos. 

Klimt fue una de las figuras principales del simbolismo, movimiento artístico nacido en Francia y Bélgica a finales del siglo XIX. Las obras de Klimt cargadas de figuras geométricas, curvas y toques dorados -tan característicos de sus obras-, fueron hechas para ser interpretadas por el espectador. 

Munch por su parte, perteneció al movimiento expresionista, siendo uno de los mayores exponentes de éste, surgido a principios del siglo XX, que se oponía al impresionismo y a su principio de crear una “impresión” de la realidad; los expresionistas querían mostrar cómo veían lo que les rodeaba, explorando y explotando las emociones humanas. 

Ambos artistas, cada uno a su manera, lograron mostrar una faceta única y personal de su realidad, ya sea de dolor, alegría o soledad, logrando cautivar al público con sus creaciones. A pesar de vivir en épocas diferentes y de no compartir el mismo tiempo y espacio, el arte encontró la manera de hacerlos coincidir por medio de sus creaciones.