El arte de la posguerra española, en el Reina Sofía

event   2016 - 08 - 02

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Ni escasa ni irrelevante. La producción artística de la posguerra española no sólo no fue desdeñable, a pesar del difícil y complejo momento histórico, sino que dio frutos singulares de extraordinaria importancia para la historia del arte español. La exposición Campo cerrado, con más de mil piezas de más de 200 autores, trata de explorar este periodo que, a juicio de la comisaria, María Dolores Jiménez Blanco, "ha recibido escasa atención a pesar de su relevancia en la conformación de la sensibilidad moderna en España". Hay más de 100 pinturas, 20 esculturas, 200 fotografías, bocetos teatrales, 26 filmaciones, 11 maquetas, 200 revistas y diversos documentos que dibujan una estampa que refleja cómo la vida cultural florecía entre las grises rendijas del franquismo.

"El periodo entre 1939 y 1953 fue, sin duda, un tiempo marcado por el miedo y el silencio, pero ni siquiera las dificultades ideológicas o materiales lo redujeron a un desierto. Tampoco consiguieron aislarlo ni del exterior ni del pasado", insiste Jiménez Blanco, para quien el principal hallazgo de la exposición es la variedad y la trascendencia de lo ocurrido en un tiempo considerado tradicionalmente como un páramo.

Campo cerrado, que toma el título de la novela homónima de Max Aub, revisa la posguerra española a través de nombres tan relevantes como Picasso, en el capítulo del exilio; Miró, como paradigma de la renovación interior de finales de los 40, o Dalí, emblema de la oficialización de lo moderno. Junto a ellos, aparecen magníficos ejemplos de obras realizadas tanto dentro como fuera del país, de Tàpies a Renau, de Francisco Nieva a Maruja Mallo, pasando por Manuel Ángeles Ortiz, Luis Castellanos, José Moreno Villa, Aurelio Suárez o Alfonso Rodríguez de Castelao.

Refugiados

La muestra propone un itinerario, no necesariamente cronológico, que tiene paradas en distintos bloques temáticos. Las fotografías de Robert Capa y los dibujos de Clavé y Narro hablan del drama de los que huyeron en 1939, tras finalizar la Guerra Civil, y de la extrema dureza de los campos de refugiados en Francia, y se recuerdan las exposiciones internacionales que, a principios de los 40, pretendían fijar un canon tradicionalista. El núcleo central, sin embargo, es el dedicado al campo (idealizado) y a la ciudad, con un entorno deteriorado material y moralmente. Abundan aquí los paisajes de Guinovart, José Guerrero, Díaz Caneja o Benjamín Palencia, frente a las escenas urbanas de Álvaro Delgado o los dibujos de José Robledano alusivos a las cárceles.

El postismo como primer intento de recuperar, a mediados de los 40, el espíritu de las vanguardias; el teatro como refugio de artistas, la arquitectura convertida en emblema de la imagen de modernización del país; el nacimiento, ya en los 50, de los grupos Dau al Set y El Paso y el posterior apoyo del régimen a la modernidad para mejorar su imagen en el exterior son sólo algunos apartados en los que se detiene la exposición. Y también en el exilio republicano, con la expatriación de una buena parte de la cultura española. Aquí Picasso es el referente, la bandera.